El presidente leyó su discurso, que luego fue transcripto y enviado a todo el planeta por el equipo de comunicación de Presidencia. La opción por la lectura del discurso encierra dos interpretaciones principales.
La última vez que el Jefe de Estado habló en público sin leer, pidió quemar a los periodistas críticos del gobierno en la hoguera, una propuesta que los estrategas del gobierno prefirieron acotar en las apariciones ulteriores de Milei, bajo el pretexto de que la quema de profesionales de la comunicación puede jugarle en contra al libertario en la campaña.
La segunda interpretación, que no se contradice con la primera, es que la profundidad de los conceptos que el presidente vertió en Madrid no podía desperdiciarse con los errores clásicos de la oratoria improvisada.