En diálogo con InfoCampo, el presidente de Plantium, Jorge Gentili, negó que la empresa cierre sus operaciones, pero admitió que debió recurrir a un “fuerte achique” que implicó el cesanteo de aproximadamente 100 personas: unas 80 de la planta de Villa Constitución y otras 20 de un centro de desarrollo en Rosario. El empresario, de 80 años y ingeniero agrónomo, explicó que la situación se volvió insostenible por la caída de la demanda, las dificultades de financiamiento y un sector agropecuario que no alcanzó los niveles de rentabilidad e inversión esperados.
Desde la vereda de los trabajadores, la lectura apunta a la competencia de los productos importados y a la crítica situación del campo. Fulvio Monti, trabajador de Plantium e integrante del Sindicato de Empleados de Comercio de Villa Constitución, señaló que la empresa atravesaba dificultades desde hacía aproximadamente dos años, pero que la situación se profundizó a partir de julio. “El campo la está pasando mal, la maquinaria está pasando mal, con un dólar que no sirve. La cosecha levanta lo mismo, pero hay un 30% de inflación en dólares. A eso se suma la apertura indiscriminada de los productos chinos”, describió Monti, y precisó que algunos sistemas de piloto automático para maquinaria agrícola ingresaban al país con precios hasta cinco veces inferiores a los fabricados por Plantium.
Antes de que se concretaran los despidos, los trabajadores y el sindicato participaron de negociaciones para intentar preservar la actividad. Entre las alternativas analizadas figuraba reducir la estructura de aproximadamente 200 empleados a unos 70, y los propios empleados habían ofrecido resignar la mitad de sus indemnizaciones para mantener sus puestos. “El dolor es que había empleados de tantos años que entendían la situación”, relató Monti, en un intento por graficar la angustia de una plantilla que en su mayoría se enteró de la cesantía de un día para el otro, sin comunicación formal previa y con la fábrica ya cerrada.
El caso de Plantium expone la fragilidad de un entramado productivo que no encuentra respuestas ni del sector privado ni del Estado. Mientras la empresa sostiene que se trata de un achique para intentar sobrevivir y no de un cierre definitivo, los 100 trabajadores despedidos quedan en una situación de incertidumbre total, a la espera de cobrar sus indemnizaciones y de reinsertarse en un mercado laboral asolado por la crisis de la maquinaria agrícola en particular y el empleo en la provincia en general.