La extraordinaria creciente del río Paraná, que mantiene en alerta a numerosas poblaciones ribereñas del Chaco, vuelve a instalar interrogantes sobre la seguridad de la represa hidroeléctrica de Yacyretá. En este contexto, adquiere especial relevancia una entrevista realizada hace algunos años al ingeniero Hugo Rohrmann, reconocido especialista en recursos hídricos, quien explicó qué podría suceder ante una eventual falla de la estructura.
La pregunta del periodista José Viñuela fue directa: ¿se puede romper Yacyretá? La respuesta también. "Puede pasar, es una posibilidad, sí", afirmó Rohrmann, aunque inmediatamente aclaró que las consecuencias no necesariamente serían las de una catástrofe como suele imaginarse. "No es cómo podemos tener en nuestra mente una película norteamericana donde viene el desastre y el caos por esta cuestión. Es una cuestión bastante más sencilla", explicó. Sin embargo, en contacto con NORTE, el profesional resaltó que ante la hipotética e improbable de la rotura, "cada represa tiene estudios, con modelos de qué significaría una rotura". "Eso se hace antes de construirla, para analizar qué riesgo conlleva y poder decidir los márgenes de seguridad", aclaró ayer.
El ingeniero recordó que Yacyretá no está conformada únicamente por su estructura principal, sino también por numerosos kilómetros de terraplenes que forman parte del sistema de contención. Una eventual falla podría producirse en alguno de esos sectores, aunque destacó que existen controles permanentes, tareas de mantenimiento y protocolos de seguridad.
También explicó que las grandes represas se construyen con márgenes de seguridad superiores a las condiciones históricas conocidas del río. "Los ingenieros que proyectan toman coeficientes de seguridad que multiplican por dos, tres o cuatro veces las condiciones de seguridad para que esa obra siga manteniéndose en el tiempo", sostuvo.
¿Qué pasaría con Resistencia?
Rohrmann señaló que una eventual rotura podría provocar un incremento importante del nivel del Paraná, aunque descartó, para las hipótesis que describía, la imagen de una gigantesca pared de agua avanzando sobre el Gran Resistencia.
"Puede que haya dos, tres, cuatro metros en un día y otros dos o tres el día siguiente", ejemplificó al describir un escenario hipotético de propagación de la crecida.
Según explicó, los sectores más expuestos serían las poblaciones asentadas en las áreas bajas y fuera de los sistemas de defensas, donde habitualmente se producen inundaciones durante las grandes crecientes. También advirtió que el impacto dependería de las condiciones previas del río. "Cuando está más alto, mayores pueden ser las consecuencias", señaló, y reconoció que algunas hipótesis podrían llevar el agua hasta niveles próximos a las defensas metropolitanas.
El especialista mencionó a Ituzaingó y la Isla Apipé, en Corrientes, entre los primeros lugares que podrían resultar afectados por su proximidad a la represa. Sus declaraciones cobran especial importancia frente a la actual creciente del Paraná, que afecta a Isla del Cerrito, Antequera, Puerto Vilelas, San Pedro Pescador, Barranqueras y otras zonas ribereñas del Chaco, donde numerosas familias debieron abandonar sus viviendas o trasladar animales hacia sectores elevados. Para el ingeniero, la clave está en anticiparse a los riesgos y organizar respuestas que permitan proteger especialmente a quienes habitan fuera de las áreas defendidas.
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Dos imágenes del mismo lugar en la costanera correntina, a la misma hora, pero diferente día: a la izquierda del jueves 22 (pico de la creciente) y a la derecha del martes 27 de octubre.
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El agua podría tardar dos o tres días en llegar al Chaco
Uno de los aspectos centrales de la entrevista realizada al ingeniero Hugo Rohrmann estuvo relacionado con el tiempo que demandaría la propagación de una creciente originada por una eventual rotura de Yacyretá. "Las crecientes normales del río Paraná que comienzan en Iguazú, nosotros tenemos siete días de aviso", explicó el especialista, al señalar las ventajas del seguimiento hidrológico habitual.
Sin embargo, advirtió que una falla en la represa reduciría considerablemente ese margen. "El tiempo de traslado de Yacyretá hasta llegar a Isla del Cerrito o Antequera o Cuatro Bocas, en Puerto Vilelas, es de tres días. En este caso puede ser dos", precisó.
Rohrmann sostuvo que una eventual emergencia debería ser comunicada rápidamente por los responsables de la represa, de acuerdo con los protocolos establecidos para este tipo de obras. También aclaró que una rotura de terraplén no implicaría necesariamente el colapso simultáneo de toda su extensión. "Es una brecha que se abre en un lugar y se va abriendo", describió.
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Los pobladores ribereños, los más vulnerables ante una emergencia
Más allá de la seguridad estructural de Yacyretá, el ingeniero Hugo Rohrmann expresó su preocupación por las personas que viven y trabajan en zonas inundables del Paraná, especialmente aquellas ubicadas lejos de los centros urbanos. "Hay mucha gente que sale a pescar o que está trabajando en el tema de ganadería, está metida adentro. No es que le llega el celular y ya le avisamos y salen corriendo", advirtió.
El especialista consideró que uno de los principales desafíos consiste en garantizar que las alertas lleguen oportunamente a todos los habitantes de las áreas potencialmente afectadas. "Yo creo que eso es una cuestión pendiente de protocolos de evacuación. En algún momento de la historia, de acá a cien años, puede pasar. Entonces es mejor saber, estar preparados, cosa de que el impacto sea el menor posible", sostuvo.
Rohrmann remarcó que las grandes obras hidroeléctricas cuentan con procedimientos de seguridad y obligaciones de comunicación ante eventuales incidentes, pero destacó que también resulta indispensable preparar a las comunidades.