En otros sectores de la CGT la figura de Kicillof perdió fuerza a medida que la disputa con La Cámpora y con Cristina recrudecía sin encontrar una respuesta directa del bonaerense. La “mesa chica” de la central hubiese preferido que el economista rompiera con la expresidenta para encolumnarse detrás suyo y direccionar su campaña. Kicillof recibió a los dirigentes pero no les prometió nada, lo que terminó de irritarlos. Tampoco duró mucho la expectativa que habían puesto en experimentos como el pastor evangélico Dante Gebel, el empresario de medios Daniel Hadad o el banquero Jorge Brito.
El triunviro Cristian Jerónimo, alguna vez impulsor de Gebel y partícipe de una presentación de Hadad que sugería un lanzamiento de campaña, optó por reanudar su tarea de construcción con gobernadores. Así como el año pasado había ensayado acercamientos con el cordobés Martín Llaryora y explorado conversaciones con Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Ignacio Torres (Chubut), Carlos Sadir (Jujuy) o Claudio Vidal (Santa Cruz), Jerónimo se reunió hace dos semanas con Gerardo Zamora (Santiago del Estero).
Zamora, como alguna vez Sergio Uñac o de manera cíclica Sergio Massa, aparece mencionado en varios listines de nombres potables para Cristina. De hecho ni la expresidenta ni La Cámpora son a esta altura motivo de veto en la “mesa chica” de Azopardo 802. El ala más dialoguista de la central recuperó diálogo con Máximo Kirchner quien apenas cinco meses atrás le reprochó con amargura a la CGT por no haber nombrado a Cristina en el último acto por el día del trabajador. Todo indica que es de doble vía aquella máxima reivindicada por Cristina acerca de que en la política los rencores duran apenas un semestre.