“El verdadero objetivo de las sanciones es ejercer tanta presión sobre la sociedad iraní que termine haciendo el trabajo que el ejército estadounidense no pudo: provocar un cambio de gobierno desde adentro. Son medidas crueles y criminales contra los iraníes comunes”, afirmó a El Destape Siavash Saffari, politólogo iraní y profesor de Estudios de Asia Occidental en la Universidad Nacional de Seúl.
Saffari explicó que la lógica detrás de estas sanciones consiste en castigar a la población civil para incentivar protestas contra el gobierno, una estrategia que —según señaló— se ha repetido en los casos de Irán, Venezuela y Cuba. Su impacto sobre la sociedad está ampliamente documentado por organismos como Human Rights Watch, que han advertido sobre sus efectos en derechos básicos. “Las medidas han afectado el acceso a medicamentos, el empleo y el nivel de vida de los iraníes comunes”, agregó.
Al mismo tiempo, en el plano internacional, estas medidas incrementan la volatilidad de los mercados energéticos y ponen en evidencia los límites del poder estadounidense. El suministro de interceptores de misiles se ha reducido de manera significativa, según expertos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, DC. A finales de julio, el organismo estimó que el Pentágono necesitaría al menos tres años para reponer los inventarios y recuperar los niveles previos a la guerra. Aunque la Casa Blanca niega que exista una escasez real, los analistas sostienen que el problema es tangible —aunque temporal— y que ya ha obligado al Departamento de Defensa a desviar recursos originalmente destinados a enfrentar a adversarios como China.