Tras los terremotos ocurridos en Caracas a finales de junio pasado, el Gobierno chileno organizó el envío de tres vuelos con ayuda humanitaria y desplegó en la capital venezolana y en equipos de rescate para apoyar las labores de búsqueda de desaparecidos y personas atrapadas bajo los escombros. El trabajo de los chilenos también se enfocó en La Guaira, la zona con más víctimas tras el doble sismo.
La labor de los chilenos en Venezuela se hizo conocida con el caso de Hernán Gil Flores, un hombre que sobrevivió tras ocho días bajo los escombros de un edificio. El rescate del atrapado contó con la participación de las unidades de varios países, pero tuvo a los representantes chilenos como los protagonistas. Víctor Torres Fuentes, voluntario del Grupo de Búsqueda y Rescate de los Bomberos de Chile, fue quien sostuvo a Gil Flores hasta su extracción. “Muchas de las maniobras que aplicamos allá no tienen antecedentes, aunque la estrategia fue muy parecida a la que se realizó en el rescate de los 33 mineros en Chile [agosto de 2010]. Nosotros debimos tener mucha adaptabilidad”, explicó Torres en una entrevista a EL PAÍS.
La ayuda chilena en Venezuela dejó algunas consecuencias políticas importantes, ya que permitió un acercamiento inicial entre el Gobierno de Kast y la Administración venezolana de la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Santiago y Caracas llevaban casi un año con sus relaciones diplomáticas rotas, en un quiebre que llegó a su fin el pasado 30 de julio, cuando se acordó reactivar los lazos consulares.