Hoy, León XIV reafirma ese compromiso inquebrantable de la Iglesia. Lampedusa ha dejado de ser un simple punto geográfico en el mar Mediterráneo para transformarse en la síntesis descarnada de las asimetrías estructurales del mundo moderno; el triste epicentro de quienes sufren la tragedia del exilio forzado.
El mensaje que se proyecta desde Francisco hasta León XIV nos interpela en lo más profundo de nuestra conciencia humanista y cristiana. Nos exige, con carácter de imperativo categórico, abandonar la pasividad para abrazar un nuevo paradigma de solidaridad. No podemos ser cómplices silenciosos frente a mares que se convierten en cementerios de sueños postergados.
Por Jorge Milton Capitanich