Para graficar mejor el impacto del ajuste: la remuneración bruta de un profesor adjunto con dedicación simple y sin antigüedad (a precios de diciembre de 2025) era de aproximadamente $663.086 en noviembre de 2015. Para noviembre de 2019, el salario se había reducido un 28,4%, hasta $474.680. Hacia noviembre de 2023 se registró una recuperación parcial del 5,7%, alcanzando $501.539, todavía muy por debajo del nivel de 2015. Finalmente, en diciembre de 2025 el salario se ubica en $334.080, lo que implica una caída cercana al 50% respecto de 2015.
Además de los salarios, otras actividades sufrieron recortes significativos: Promoción de carreras estratégicas (-31,1%), Asistencia financiera para el funcionamiento universitario (-22,7%), Fortalecimiento de la ciencia y la técnica (- 15,8%), Conducción y gestión (-22%) y, de manera particularmente severa, Extensión universitaria (-97,8%). Si bien estas partidas tienen menor peso relativo, su contracción afecta directamente el funcionamiento cotidiano de las universidades y limita su proyección social y territorial. Asimismo, el programa Progresar redujo 62,4% la cantidad de beneficiarios y 46,5% el poder adquisitivo del estipendio.
“El ajuste sobre el sistema universitario no sólo no se detuvo en 2025, sino que se profundizó, aun cuando el Poder Legislativo había aprobado —y también insistido tras el veto presidencial— la Ley 27.795 de Financiamiento”, analizaron desde el Centro CIEN. Para los economistas, “el recorte aplicado al sistema universitario no tiene parangón en la historia reciente” en tanto que el presupuesto vigente para este año profundiza esta reducción y compromete –una vez más- el normal funcionamiento de las universidades en todo el país.