Los resultados oficiales marcaron una victoria de Lula da Silva, que obtuvo el 51,76% de los votos frente al 48,24% de su adversario. La diferencia de 3,52 puntos porcentuales le permitió al dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) asegurarse un cuarto mandato no consecutivo.
El desenlace modificó el escenario que había dejado la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre. En aquella instancia, Flávio Bolsonaro había terminado en el primer lugar, con el 47% de los sufragios, mientras que el actual mandatario había conseguido el 45,1%.
Pese a esa ventaja inicial, el senador no logró sostener la diferencia en la segunda ronda y terminó detrás de su rival. La definición también dejó un antecedente inédito desde el retorno de las elecciones presidenciales directas en Brasil, en 1989.
Hasta estos comicios, todos los candidatos que habían encabezado la primera vuelta habían terminado llegando al Palacio de Planalto. Con su victoria en el balotaje después de haber quedado segundo en la instancia inicial, Lula se convirtió en el primer aspirante en romper esa tendencia.