Buenos Aires, pese a concentrar aproximadamente una cuarta parte de los casos del país, tuvo una tasa de 4 cada 100.000 adolescentes. En la Ciudad de Buenos Aires fue de 2,8. La tasa de Salta fue casi seis veces la de CABA y alrededor de cuatro veces la de la provincia de Buenos Aires.A
La mirada departamental profundiza todavía más esas diferencias. Aunque en localidades pequeñas las variaciones pueden ser abruptas –al comparar los suicidios con el total de la población–, el informe señala que entre 2017 y 2024, los tres departamentos con las tasas medias anuales más altas fueron Los Andes, Cachi y La Viña, todos de Salta, con 65,5, 48,4 y 41,1 suicidios cada 100.000 adolescentes, respectivamente. También aparecen entre los valores más elevados departamentos de Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, Santa Fe y Entre Ríos.
La distribución territorial tampoco permaneció estable. Si se comparan los períodos 2017-2020 y 2021-2024, el número de suicidios adolescentes cayó 6,5% en el conjunto del país, pero las trayectorias fueron diferentes según la jurisdicción. Mientras algunas provincias registraron descensos importantes, otras tuvieron aumentos, entre ellas La Rioja, Catamarca, Tucumán, Corrientes y CABA.
El Monitor señala que el descenso registrado desde 2014 constituye uno de los cambios más importantes del período reciente, pero plantea al mismo tiempo la necesidad de comprender qué factores explicaron tanto el aumento producido desde fines de los años noventa como su posterior reversión.
Para UNICEF, estos datos plantean la necesidad de pensar la prevención como un proceso continuo y no limitado a la adolescencia. El informe propone fortalecer las acciones de detección temprana en escuelas, centros de salud, servicios de protección y espacios comunitarios, mejorar las rutas de derivación y ampliar el acceso a servicios de salud mental adecuados para adolescentes.
El Monitor también advierte sobre las limitaciones de los registros disponibles. El estigma asociado al suicidio, las dificultades para determinar la intencionalidad en algunos casos y las diferencias entre los sistemas de registro pueden producir subregistro o problemas de clasificación. Por eso, UNICEF señala que las cifras deben interpretarse como una aproximación y como un piso mínimo de la magnitud del problema.