En Argentina, informa el semanario, María Mercedes Contreras demandó en 2017 a la empresa Stonex, presidida por Velenzuela, y ganó el proceso en el que reclamaba 8,1 millones de pesos que había entregado con promesas de grandes ganancias que nunca llegaron. En 2024, en Uruguay, el Banco Central de ese país le retiró el permiso para operar a Banfisol, otra empresa de asesoría de inversiones de Valenzuela, por dar información falsa a las autoridades.
Puesto al descubierto Valenzuela, otro asesor extranjero de Keiko Fujimori, el cubanoestadounidense Carlos Díaz-Rosillo, lo defendió. Díaz-Rosillo, que tuvo un papel central en la campaña de Fujimori, fue funcionario en el primer gobierno de Donald Trump y actualmente es presidente del Centro Adam Smith para la Libertad Económica de la Universidad Internacional de Florida, una usina de la ultraderecha regional, que en 2025 contrató a Keiko para supuestas tareas académicas. A diferencia del caso de Valenzuela, la asesoría de Díaz-Rosillo a la campaña fujimorista fue pública. Díaz-Rosillo, que ha dicho ser amigo de Valenzuela, está envuelto en otra revelación que compromete a Fujimori.
El diario La República ha puesto al descubierto su vinculación con el consultor argentino Fernando Ceremido, el asesor en las sombras del presidente boliviano Rodrigo Paz, antes de Javier Milei y estrechamente vinculado a los Bolsonaro en Brasil, detenido en Bolivia por intentar asesinar a su pareja. La República ha publicado en estos días una foto de ambos juntos, tomada el 23 de marzo de 2025 y difundida en ese momento por Ceremido en sus redes anunciando una reunión de trabajo. Ceremido es especialista en campañas sucias y de desinformación. El candidato progresista Roberto Sánchez, que compitió contra Fujimori, fue blanco de este tipo de campañas.
Las relaciones secretas y los vínculos con oscuros personajes no sorprenden en una presidenta como Keiko Fujimori, que tiene una larga historia, personal y partidaria, de campañas sucias contra sus rivales, corrupción y tratos clandestinos.