Dicho de otro modo, el deterioro dejó de expresarse principalmente en la falta de trabajo y empezó a esconderse dentro del propio empleo. Así lo analizó un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (ODSA-UCA) que señaló que el mercado laboral argentino atravesó un proceso de "absorción laboral regresiva". Esto implica que lejos de una expansión del empleo registrado y de calidad, la incorporación de trabajadores se produjo crecientemente a través de ocupaciones informales, no registradas, con menos derechos y mayores niveles de inestabilidad.
En ese esquema, “los movimientos al interior del mercado de trabajo principalmente reflejan estrategias de refugio frente a la insuficiencia de empleos formales", alertaron y explicaron que el mercado laboral no llega a expulsar masivamente personas, pero tampoco logra integrarlas plenamente. Así las cosas, “se consolida una estructura laboral más fragmentada, donde buena parte del empleo se crea en condiciones más precarias y de menores ingresos”. Quienes pierden un empleo registrado no necesariamente pasan a engrosar las estadísticas del desempleo, sino que con frecuencia encuentran alguna alternativa para generar ingresos -como trabajos por cuenta propia, ocupaciones informales, changas o trabajo en plataformas digitales-, pero lo hacen en condiciones más precarias y con menores niveles de protección.
Para los investigadores, “el problema no es solamente el bajo crecimiento económico, sino la dificultad para transformar ese crecimiento en empleo productivo y protegido” y este fenómeno ayuda a explicar una de las principales paradojas del mercado de trabajo argentino: la economía logró sostener niveles reducidos de desempleo sin consolidar una expansión equivalente del empleo formal, productivo y protegido. La absorción de mano de obra se desplazó hacia sectores y modalidades de inserción de menor productividad y regulación, mientras persistieron las brechas de ingresos y calidad laboral.
El problema está en el modelo
El informe al que accedió este medio planteó que la respuesta a la situación actual se vincula directamente con el modelo económico en marcha. En los últimos años y particularmente desde fines de 2023, el crecimiento económico comenzó a concentrarse en actividades como la minería, los hidrocarburos, las actividades primarias, las finanzas y los servicios empresariales, ramas que demandan relativamente poca mano de obra. Al mismo tiempo, perdieron dinamismo sectores históricamente intensivos en empleo, como la industria manufacturera, la construcción y parte del comercio.
Lo anterior da cuenta de una coyuntura donde la economía crece sin que eso se traduzca en una expansión equivalente del empleo registrado. "Uno de los rasgos distintivos del período iniciado a fines de 2023 es que la actividad económica comenzó a recuperarse mientras el empleo registrado continuó cayendo", una combinación que, según la UCA, "evidencia que el crecimiento dejó de traducirse automáticamente en más empleo formal”. En ese escenario, quienes salen de actividades ligadas al mercado interno encuentran cada vez más dificultades para reinsertarse en puestos registrados y terminan desplazándose hacia ocupaciones informales o de menor productividad.
En este marco, si el único indicador que se observa es la tasa de desocupación, buena parte del deterioro del mercado laboral queda fuera del radar. Dicho de otro modo, cuando el mundo laboral se evalúa exclusivamente por la cantidad de personas ocupadas, se invisibiliza un proceso más profundo: el deterioro de la calidad del empleo. Así, una baja de la desocupación puede interpretarse como una señal de recuperación, aun cuando una parte creciente de esos trabajadores se encuentre inserta en actividades sin derechos laborales o con ingresos que no alcanzan para salir de la pobreza.
En definitiva, si durante décadas la pregunta fue cuántos argentinos estaban sin trabajo, el nuevo escenario obliga a formular otra: ¿qué tipos de trabajos está generando realmente la economía hoy?