El impacto tampoco se limita al gas. La menor disponibilidad del fluido obliga a utilizar combustibles líquidos (gasoil y diesel) para generar electricidad, elevando también el costo de la energía eléctrica que pagan las empresas.
Las cámaras empresarias cuestionan además que las restricciones alcancen incluso a contratos de abastecimiento firme, lo que consideran un cambio de las condiciones bajo las cuales planificaron su producción. Esa situación abrió la puerta a posibles reclamos judiciales por parte de empresas que entienden que se alteraron compromisos previamente asumidos.
Desde el Gobierno, en tanto, buscan transmitir tranquilidad respecto del abastecimiento residencial. El secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González, aseguró que “no va a faltar gas en las casas en la medida que no haya un imponderable” y sostuvo que el sistema viene funcionando “perfectamente bien” durante el invierno, incluso en una semana marcada por las temperaturas más bajas del año. Esa estrategia, sin embargo, supone priorizar el consumo domiciliario mientras las industrias absorben las restricciones y el mayor costo del abastecimiento.