El pedido de quiebra de SanCor es otro golpe a una marca con fuerte arraigo entre los argentinos. A principios de año había caído Alimentos Refrigerados, que producía postres y yogures de la línea SanCor, y eso ya resultó demasiado para la continuidad de la cooperativa, tras 87 años de existencia. SanCor pasó de tener 12 plantas industriales a solo 6, de procesar 4 millones de litros de leche por día a solo 500 mil, de emplear a más de 4.000 personas a menos de 1.000, con atrasos en el pago de sueldos y aguinaldos de hasta 8 meses.
Su caso se inscribe en una lista cada vez más extensa de 24.180 empresas que cerraron desde que gobierna Javier Milei. Solo en enero, que es el dato que publicó la Superintendencia de Riesgos del Trabajo esta semana, desaparecieron 1985 firmas. Entre ellas, compañías de 14 de 19 sectores económicos, en 20 de 24 provincias. Es récord histórico en destrucción, apunta el centro de estudios Fundar, en el análisis de los datos.
Entre tanta tragedia, el caso de SanCor se inscribe en otra lista con una trascendencia superior por tratarse de empresas únicas en su tipo, que abastecían a amplios sectores industriales de insumos básicos que ahora deberán traerse importados, lo que significa salida estructural de divisas y pérdida sustancial de capacidades de desarrollo. Es parte de la pesada herencia que va amasando el gobierno libertario.
SanCor y Alimentos Refrigerados eran únicas para pequeños productores lácteos de Santa Fe y Córdoba, que vivían de lo que ellas les compraban.
FAPA
La Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (FAPA) tiene un nombre menos resonante en la opinión pública, pero su cierre -anunciado en los últimos días- resulta de alto impacto para la soberanía industrial. Implica no solo el cese de operaciones de una fábrica que funcionaba desde 1938, sino la desaparición de un sector entero de producción nacional.
FAPA era, literalmente, la única fabricante de aisladores eléctricos de porcelana en Argentina. La planta de Monte Grande, Esteban Echeverría, abastecía el 70 por ciento del consumo local. El 30 por ciento restante se importaba, pero FAPA era el “ancla” que mantenía los precios competitivos y garantizaba stock inmediato para las distribuidoras eléctricas (como Edesur, Edenor o las cooperativas regionales).
En respuesta al cierre de FAPA, el Gobierno se limitó a suspender por seis meses los aranceles antidumping que gravaban la importación de estos productos, por tratarse de insumos clave para evitar fallas en la red eléctrica.
Los aisladores de porcelana son componentes que se utilizan en los postes de luz y torres de alta tensión para impedir que la electricidad se “escape” hacia las estructuras de soporte, evitando cortocircuitos, incendios y muertes por electrocución.
Whirpool
La empresa cerró el año pasado la planta de lavarropas más moderna de América del Sur, inaugurada en 2022 en Pilar. Su caída fue probablemente la pérdida tecnológica más significativa de 2025.
La fábrica utilizaba tecnología de “Industria 4.0”, con procesos automatizados únicos en el país en el sector de línea blanca. Tenía capacidad para fabricar un lavarropas cada 40 segundos, cumpliendo con estándares de exportación global.
Pero en noviembre de 2025 la empresa decidió cerrar la producción y pasar a un modelo de importación desde Brasil, dejando en la calle a 220 trabajadores.
FATE
Era la única empresa de neumáticos de capitales ciento por ciento argentinos. A diferencia de sus competidoras, Bridgestone o Pirelli, FATE representaba la soberanía tecnológica en un insumo crítico para el transporte y el agro. Operaba desde 1940.
Con su cierre, el país perdió el único centro de desarrollo de ingeniería propia en caucho, pasando a depender exclusivamente de multinacionales o de la importación desde Asia.
La familia Madanes Quintanilla, dueña de la empresa, dejó en la calle a más de 900 trabajadores en San Fernando, por lo que enfrenta un embargo judicial, mientras que Milei consideró que el cierre de la fábrica fue una operación política contra la reforma laboral y contra su gobierno, con lo cual se sintió habilitado a insultar al presidente de la firma, a quien calificó de chorro.
Alba
AkzoNobel, dueña de marcas como Alba, cerró la planta de San Luis que se especializaba en resinas y químicos específicos para pinturas industriales. Con este cierre, insumos químicos base que se hacían localmente pasan a ser importados.
Canale
En 2024 cerró la planta en Realicó, La Pampa, lo que marcó el fin de una era para la producción de conservas en esa zona. Era el motor económico de la localidad y una de las pocas plantas con capacidad de procesamiento de hortalizas a gran escala. Su cierre dejó a la región sin su principal centro de industrialización agroalimentaria.
Magnera
Ubicada en el Parque Industrial de Pilar, esta multinacional que es líder global en materiales no tejidos decidió cerrar su planta en Argentina a finales de 2025. Era una de las pocas fábricas en el país con tecnología de punta para producir materiales no tejidos de alta performance, insumos fundamentales para la industria de pañales, toallas femeninas y el sector médico, con barbijos y batas quirúrgicas.
Su salida desabasteció a las industrias locales de un material base que ahora debe traerse del exterior, quitándole competitividad a los fabricantes nacionales de productos de higiene personal.
PanPack
Era una empresa dedicada a la fabricación de envases plásticos de alta complejidad, que cerró en noviembre del año pasado. Proveía a gigantes de la industria alimenticia y química con envases que cumplían normas internacionales de seguridad. Su cierre afectó la cadena de suministro de productos de exportación que ahora deben buscar envases en el exterior
Acerías Berisso
Era una empresa siderúrgica con un rol muy específico en el mercado de metales. Se especializaba en tipos de fundición y procesos de laminado para piezas industriales a medida, que no suelen manejar las grandes firmas como Tenaris o Aluar. Su salida del mercado dejó un vacío para las pymes metalmecánicas que necesitan piezas de acero particulares, y a 50 familias en la calle.
Eitar
Era una empresa líder y casi única en la fabricación de dispositivos de seguridad para artefactos a gas, como termoválvulas, robinetes y sensores de llama. Casi todos los hornos, estufas y termotanques fabricados en Argentina llevaban componentes internos de Eitar. Con su cierre, los fabricantes de cocinas, como Escorial o Longvie, se ven obligados a importar estos componentes críticos. Esto significa que el “cerebro” de seguridad de una estufa argentina ya no se diseña ni se funde en el país, lo que quita flexibilidad para adaptar los productos a las normas de gas locales de manera rápida.
Gomas Gaspar
Era una empresa de Córdoba especializada en la fabricación de suelas para calzado urbano y deportivo. Una de las pocas fábricas que mantenía el desarrollo propio de matrices y compuestos de goma para abastecer a la industria del calzado nacional. Al cerrar, las marcas de zapatos locales perdieron un proveedor clave de proximidad, obligándolas a depender de suelas importadas de Brasil o China.
Las políticas del gobierno de Milei están provocando un industricidio, con empresas que cierran y trabajadores despedidos que se multiplican día tras día.