El achique en Libertad no es nuevo. La empresa viene atravesando un proceso de reestructuración desde hace meses, impulsado por la caída en la rentabilidad de su unidad supermercadista. En enero ya se habían registrado despidos en sucursales de San Juan y Posadas, mientras que en febrero la firma cerró su formato Fresh Market en Buenos Aires, que empleaba a unas 90 personas.
En Córdoba, durante 2025, se implementaron programas de retiros voluntarios y se concretaron desvinculaciones en distintas áreas. Desde el grupo justificaron estas medidas al señalar que su negocio inmobiliario mantiene buenos resultados, a diferencia del rubro supermercadista, que enfrenta un marcado deterioro. Actualmente, Libertad conserva la operación de los hipermercados ubicados en Mendoza y Chaco, que no fueron incluidos en la venta a La Anónima.
La crisis golpea al empleo
El caso de Libertad se suma a una serie de cierres, despidos y reestructuraciones que afectan al sector comercial en todo el país. La caída del consumo, el aumento de costos y la retracción de la actividad económica configuran un escenario complejo que impacta directamente en el empleo.
Mientras más de 1.600 trabajadores logran mantener su fuente laboral en el traspaso, cerca de un centenar quedará fuera del sistema, en un contexto donde la reinserción laboral se vuelve cada vez más difícil.
La situación vuelve a poner en debate el rol de las empresas en procesos de reestructuración y la necesidad de mecanismos de protección para aquellos trabajadores que quedan por fuera de los acuerdos.