La experiencia reciente refuerza esas advertencias. El ratio de irregularidad del crédito privado alcanzó el 4,2 por ciento, con un incumplimiento del 7,3 por ciento en los préstamos a familias. Las tarjetas de crédito y los préstamos personales registran niveles de mora máximos desde que existen estadísticas comparables. El ingreso de nuevos deudores se concentra en plataformas no financieras, con tasas más altas y menor capacidad de absorción del riesgo. El Gobierno sostiene que la estabilidad cambiaria y las reglas de juego evitarán ese desenlace. Sin embargo, los datos actuales muestran que el sistema ya opera bajo tensión. La morosidad creciente, el aumento de los cheques rechazados y el uso intensivo del crédito de corto plazo indican que el límite de endeudamiento de los hogares está cerca.
La norma que en su momento impulsó Redrado no fue una restricción ideológica, sino una respuesta técnica a una crisis profunda. Buscó evitar que el sistema financiero repitiera una dinámica conocida: endeudamiento en dólares sin ingresos en dólares, seguido por una devaluación y una socialización de las pérdidas