La medusa registrada se caracteriza por poseer cuatro brazos bucales que pueden extenderse hasta 10 metros y no presentan células urticantes. A diferencia de otras especies, utiliza estas estructuras para envolver y capturar plancton y peces pequeños. Su campana, cercana a un metro de diámetro, completa una morfología que la convierte en una de las criaturas más llamativas del océano profundo.
El registro fue posible gracias al uso del vehículo operado remotamente SuBastian (ROV), capaz de descender hasta los 4.500 metros y de captar imágenes en alta definición sin alterar el ambiente natural. Este tipo de tecnología reemplaza métodos más invasivos, como las redes de arrastre, y permite observar el comportamiento real de las especies.
Desde su identificación científica en 1910, la Stygiomedusa gigantea fue observada poco más de un centenar de veces en todo el mundo. El nuevo registro refuerza la importancia del Mar Argentino como reservorio de biodiversidad aún poco conocida.
Durante la misma expedición, el equipo también documentó por primera vez en aguas nacionales una “caída de ballena” a casi 4.000 metros de profundidad, además de comunidades biológicas inéditas en arrecifes profundos. Para los investigadores, los resultados confirmaron que gran parte de la vida en el océano profundo argentino sigue sin ser estudiada.