Estados Unidos no reconoce como propia la soberanía de las islas ni se la adjudica formalmente a la Argentina o al Reino Unido. Sin embargo, acepta que Londres ejerce el control efectivo del archipiélago, una posición que hasta ahora Washington había mantenido sin cambios.
Para Argentina, cualquier movimiento en torno a Malvinas tiene un peso especial. La disputa sigue abierta desde la guerra de 1982 y Naciones Unidas considera a las islas un territorio pendiente de descolonización, por lo que sostiene que el conflicto debe resolverse mediante el diálogo.
Pero, por ahora, Trump no está tomando partido por el reclamo argentino. Está poniendo a Malvinas sobre la mesa para presionar a Londres y conseguir que los británicos aumenten su gasto militar. La incógnita es si esa amenaza quedará en una declaración de Trump o si finalmente se traducirá en un cambio concreto de la política estadounidense.