Pero hay otro antecedente más antiguo aún que tener en cuenta. En abril de 2015, el gobierno de Cristina Kirchner impulsó una causa judicial general contra varias empresas petroleras que exploraban de forma ilegal en la cuenca de las Islas Malvinas. Esa causa tramita en el Juzgado Federal de Río Grande, donde la ex jueza Lilian Herráez ordenó una multa por 156,4 millones de dólares y el secuestro de barcos, plataformas y equipamiento, lo que logró que varias empresas se retiraran. Esa causa no avanzó en las administraciones siguientes.
La inacción parece no ser un hecho aislado, sino un favor hacia quienes considera sus aliados. Otra muestra de esto es el Decreto 590/26 que el Gobierno firmó mientras los argentinos ponían atención en la semifinal mundialista. Ese decreto instruye a la Secretaría de Energía a convocar un concurso público internacional para explorar hidrocarburos en el Mar Argentino, específicamente en el área CAN_200, y autoriza el arbitraje internacional ante conflictos. Lo que significa que le abre la puerta a la exploración petrolera de la empresa británica Challenger Energy Group en el Mar Argentino continental, con una cláusula que cede jurisdicción a tribunales arbitrales extranjeros. Esto da cuenta de que Sea Lion no parece ser un descuido, sino más bien un plan de fondo de una política exterior que pone en riesgo la soberanía argentina.
“Esto tiene que ver con una constante por parte del Gobierno de no cumplir con el mandato constitucional de que primero la Argentina, primero el trabajo argentino, primero la industria argentina y primero el territorio argentino”, sintetizó Michel.
En una misma línea, el excanciller Jorge Taiana explicó, en declaraciones radiales, que el yacimiento Sea Lion permitirá extraer “centenares de miles de barriles”, lo que, según estimó, “va a triplicar los ingresos para las islas” y fortalecerá la posición británica en el Atlántico Sur. “Lo que quiere hacer el Reino Unido es robarse el petróleo que corresponde a los argentinos”, denunció.