“Si es necesario comprar cubiertas, hay que adquirirlas en cuotas. El valor de los repuestos es alto, o lo mismo si hay que llevar el vehículo a un chapista para que realice el mantenimiento. Con la recaudación no alcanza para mantener el desgaste del auto porque la tarifa es siempre la misma”.
A su vez, el problema no puede analizarse como una suma de casos individuales, sino como una consecuencia directa de un modelo que externaliza el riesgo empresario y profundiza la precariedad laboral bajo discursos de autonomía, colaboración o emprendedurismo.
“Nos dicen socios, colaboradores o empresarios del volante, pero todas las variables las define un algoritmo. El algoritmo decide tarifas, premios, castigos, bloqueos, asignación de viajes y condiciones. Si además el trabajador tiene que endeudarse para reparar su herramienta, queda claro que no hay libertad real: hay precarización y dependencia”, concluyen desde la ACCAURA.