“El ingreso irrestricto tiene el problema que vos lo tenés que financiar”, se quejó el funcionario y habló de la posible implementación de cupos de ingreso y arancelamiento.
Luego salió a blandir números que no dijo de dónde los tomaba pero con los que dejó en claro que al gobierno de Javier Milei le pesa la formación de nuevos profesionales. Dijo que al Estado “le cuesta 50 millones de pesos” un ingeniero graduado y lanzó que, con esos costos, “si se reciben cinco o seis juntos, nos van a salir 4.300 millones de pesos”.
Álvarez también apeló al argumento xenófobo contra los estudiantes extranjeros y deslizó la posibilidad de aplicar un sistema de ingreso selectivo. Luego, intentó defenderse de las críticas: “Que no nos acusen a nosotros de querer destruir el sistema universitario porque en realidad lo queremos salvar de quienes se aprovecharon de él y lo quieren llevar a la destrucción”.