El informe de ACM pone el foco en esa heterogeneidad. Señala que más del 67% del crecimiento se explica por sectores muy puntuales, mientras las ramas vinculadas al consumo interno siguen rezagadas. En otras palabras, hay expansión, pero no alcanza a convertirse en recuperación generalizada.
Desde LCG, el diagnóstico es más crudo. La consultora advirtió que la actividad "se desplomó" en febrero y volvió a niveles de julio de 2025. También remarcó que la demanda interna no logra consolidarse, golpeada por la caída del poder adquisitivo y la retracción del crédito. El consumo, además, se desplaza hacia importados en un contexto de apertura y tipo de cambio apreciado.
Frente a estos datos, el ministro Luis Caputo buscó relativizar la caída. Argumentó que febrero tuvo menos días hábiles que el año anterior y que estuvo atravesado por un paro general. También destacó que la tendencia-ciclo se mantiene en terreno positivo y acumula casi dos años de expansión. La explicación intenta correr el foco del dato puntual hacia una lectura más larga, aunque el número mensual marca un freno evidente.
El contraste con el relato oficial quedó aún más expuesto por el posteo de Javier Lanari en la víspera a conocerse el dato. El funcionario celebró que la economía habría crecido 4,4% en 2025 y proyectó otro año de expansión, destacando incluso máximos históricos del PBI. El problema es que ese optimismo chocó con la caída concreta del nivel de actividad.