En cuanto a la calidad educativa, es necesario abrir una discusión amplia y participativa. “Una vez que resolvamos lo urgente, tenemos que discutir hacia dónde va la educación. Y eso no lo puede definir un solo sector”.
En esa línea, debemos avanzar en la concreción de un Congreso Pedagógico Provincial que reúna al Estado, docentes, estudiantes, familias y distintos actores sociales. El objetivo es alcanzar acuerdos mínimos que permitan ordenar el sistema y elevar los niveles de exigencia.
Es también necesario vincular la educación con el desarrollo productivo de la provincia. “Tenemos que formar a nuestros jóvenes pensando en el mundo del trabajo, generar alternativas reales de formación que los integren a la vida laboral”.
“No podemos resignarnos al ‘no se puede’ ni seguir profundizando las divisiones. La educación necesita acuerdos sólidos. Si no logramos construirlos, vamos a seguir empantanados”.
El desafío es claro: dejar atrás los diagnósticos repetidos y avanzar hacia políticas concretas que permitan transformar la realidad educativa en el mediano plazo.
“Sin una buena educación, el futuro de nuestra provincia es limitado. Y ese es un costo que no podemos permitirnos”.