El mercado interno tampoco logra compensar esa caída. Las ventas a concesionarios en febrero mostraron un descenso del 20,4% interanual y acumulan una baja del 11,4% en el primer bimestre. En ese escenario, la apertura importadora gana peso relativo y modifica la composición de la oferta disponible.
La autorización de cupos de importación de vehículos, en particular eléctricos, sin aranceles, introduce nuevos jugadores en el mercado. El ingreso de unidades bajo este esquema, aprovechado en gran medida por fabricantes internacionales como la china BYD, se suma a una dinámica donde las terminales locales enfrentan mayores costos relativos. El Gobierno, en paralelo, evalúa medidas para sostener el perfil exportador del sector. Entre ellas, la posibilidad de reducir a cero las retenciones a las exportaciones de automóviles, actualmente en 4,5%. Sin embargo, desde las empresas sostienen que el problema de competitividad excede ese tributo.
El CEO de Toyota Argentina, Gustavo Salinas, advirtió que “hoy se están importando 60.000 unidades sin pagar ningún tributo y pagar impuestos por exportar desde la Argentina es una condición desequilibrada que no favorece la producción ni la exportación local”. La referencia apunta a la coexistencia de incentivos a la importación con cargas sobre la producción destinada al exterior.
Desde ADEFA, su titular Rodrigo Pérez Graciano había señalado que el desempeño comercial de 2025 “no se sostuvo en lo industrial como habíamos previsto en el inicio del año”, y planteó la necesidad de avanzar en una agenda de competitividad. Según el directivo, esa mejora requiere “trabajar a nivel cadena de valor junto con el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y municipales para reducir la carga impositiva que se exporta en un vehículo”.