Esa idea convive con otra posibilidad que gana terreno en el espacio: la de sostener las primarias únicamente para cargos ejecutivos. Bajo esa lógica, las coaliciones podrían definir sus liderazgos sin dividir el voto y asegurando un piso más alto de legitimidad electoral, algo que consideran clave en contextos de competencia ajustada.
Así, el PRO se mueve entre tres caminos bien definidos. El primero es acompañar al Gobierno y eliminar completamente el sistema, lo que implicaría dejar la selección de candidatos en manos de cada espacio o asumir el riesgo de competir con listas separadas. El segundo es avanzar hacia un esquema no obligatorio, recuperando el espíritu de las PAS sin imponer su uso. El tercero, más equilibrado para algunos sectores, es mantenerlas solo en elecciones ejecutivas para evitar fracturas internas.
Por ahora, la definición sigue abierta y atada a los movimientos del oficialismo. Sin proyecto presentado y con tensiones internas latentes, el partido amarillo se prepara para una discusión que, aunque todavía no llegó al recinto, ya empezó a reconfigurar su estrategia electoral.