En paralelo, desde el oficialismo se instaló la idea de que la mayoría de los monotributistas está mal categorizada o busca evadir. Sin embargo, el dato de que el 85 por ciento se ubica en las categorías más bajas muestra que se trata, en su mayoría, de trabajadores independientes, profesionales y pequeños emprendedores con ingresos acotados, en muchos casos golpeados por la caída del consumo y la volatilidad de precios.
Frente a la polémica, diputados de la oposición presentaron un proyecto para suspender por 180 días las recategorizaciones de oficio. En los fundamentos sostienen que, en un contexto de crisis profunda, con caída de ventas y retracción del consumo, los parámetros objetivos de facturación o gastos pueden no reflejar la verdadera capacidad contributiva. La inflación, remarcan, genera aumentos nominales que no implican mejoras reales y provoca desfasajes entre períodos.
La iniciativa propone suspender las recategorizaciones automáticas para cuidar la economía de los trabajadores autónomos y evitar que un salto abrupto de categoría derive en informalidad por incapacidad de pago.
Mientras tanto, miles de monotributistas enfrentan la incertidumbre de no saber cuánto deberán abonar el mes próximo y bajo qué criterios fueron reencuadrados. En un país donde el discurso oficial promete combatir privilegios, la lupa parece haberse posado, una vez más, sobre quienes menos margen tienen para resistir.