A pesar del fastidio, en la conducción reconocen que todavía queda margen para intentar otra negociación con el sector político del Gobierno. Un dirigente cegetista lo resumió así: “Ahora queda intentar el diálogo con Santiago (Caputo) y los otros Karina Boys”. De hecho, Martínez ya había tenido conversaciones con el asesor presidencial, y luego con Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem, piezas claves del armado que responde a la secretaria general de la Presidencia.
La tensión volvió a subir este fin de semana, cuando se retomó la discusión por incluir el artículo que restringe las cuotas solidarias. Para la CGT, ese punto es decisivo porque sostiene el financiamiento gremial mediante descuentos acordados en paritarias, independientemente de la afiliación. Del lado del ministro de Desregulación, el argumento es conocido: los llamó “peajes sindicales” y defendió una redacción idéntica al DNU 70, donde esos aportes dependían del consentimiento explícito del trabajador.
Hasta hace pocos días, el sector político del Gobierno había logrado sacar ese artículo, lo que generó un respiro en los gremios. Pero la presión del fin de semana, en la que incluso jugó la senadora electa Patricia Bullrich, todavía con fuerte influencia interna, hizo que todo volviera a foja cero. Así surgieron versiones cruzadas sobre la redacción final, que aún estaba en debate ayer entre los principales referentes libertarios.
En paralelo, persiste otro cambio que también incomoda a la central obrera. Aunque se mantenga fuera el artículo defendido por Sturzenegger, la versión actual de la reforma establece que los empleadores no estarán obligados a actuar como agentes de retención de las cuotas solidarias. La normativa vigente los obliga a recaudar tanto la cuota de afiliación como otros aportes gremiales. En el nuevo texto solo podrían descontar la cuota de afiliación y “siempre que medie conformidad expresa del trabajador y acuerdo entre las partes”. Para los sindicatos, esto también afecta su financiamiento.
Hubo, sin embargo, un capítulo donde la CGT logró sostener una victoria parcial: la prelación del convenio por empresa sobre el de actividad. El Gobierno aceptó que cualquier convenio por empresa deberá ser negociado por el sindicato con personería, dejando afuera a comisiones internas y preservando el funcionamiento del unicato tradicional.
Con este telón de fondo, la conducción cegetista convocó a su Consejo Directivo para este jueves, con un punto central en la agenda: “Analizar un plan de acción”. La incertidumbre por la versión definitiva del proyecto oficial empuja a los gremios a empezar a calentar motores mientras esperan que el Gobierno muestre finalmente qué quedó y qué se cayó del texto que los había tranquilizado días atrás.