El encuentro, virtual por el feriado de carnaval, se había vuelto imprescindible una vez que la Rosada hizo trascender que esta semana buscará sancionar el proyecto. Durante la reunión, el triunviro y dirigente camionero, Octavio Argüello, se mostró proclive a sumar una movilización. El secretario gremial de la CGT, el metalúrgico Osvaldo Lobato, hizo la misma propuesta. La UOM, impulsora de un perfil más combativo de la central obrera y promotora del FreSU (Frente Sindical Unido), detalló la necesidad de estar frente al Congreso. El impacto negativo que tiene este proyecto, pero sobre todo el modelo económico, en los gremios de la industria es más que preocupante.
La propuesta no encontró eco, pero por ahora el FreSU mantiene su convocatoria a movilizar el jueves. Los partidos de izquierda y organizaciones sociales ya adelantaron que más allá del paro de la CGT, se movilizarán al Congreso.
La otra duda que circuló entre lo participantes es si el paro general podría impedir que la sesión se realice con normalidad. Es poco probable que eso ocurra. Si bien los trabajadores legislativos van a adherir a la medida de fuerza, su tarea será reemplazada por personal jerárquico. A los sumo, como confió un conocedor de esa tarea sindical, ese día los diputados no tendrán café en sus bancas o la comida del almuerzo o cena. En tanto, los taquígrafos trabajarán porque no son parte del gremio legislativo que dirige Norberto Di Próspero.
En tanto, la conducción cegetista dejó entrever que todavía espera poder influir en algunos diputados. De hecho van a participar de la reunión de comisión que debe emitir dictamen este miércoles para que al día siguiente pueda ser debatido en el recinto de la Cámara de Diputados.
La apuesta de la conducción de la central obrera es que se logren introducir modificaciones en el texto aprobado por la Cámara alta. Sobre todo al artículo 44 que impone la reducción salarial por enfermedades que no estén relacionadas con la tarea que cumpla el trabajador.
La posible modificación, que no debilita el daño que tiene toda la iniciativa, si provocaría un malestar en el gobierno al demorar la sanción porque cualquier cambio obliga a que el proyecto retorne al Senado, la Cámara de origen.
Ahora bien, cualquier dilación podría perjudicar el uso político publicitario que Milei pretende darle a la reforma laboral. Y es que el Presidente quiere citar la ley sancionada como uno de sus principales éxitos de gestión durante el discurso ante la Asamblea Legislativa del 1º de marzo.
Consciente de ese peligro, la senadora Patricia Bullrich está prometiendo desde modificaciones al artículo 44 en el decreto reglamentario, pasando por un DNU y hasta una ley complementaria para que se vote tal como está el texto normativo. Para que le crean antes deberían haber existido gestos que garanticen la confianza que requiere aceptar este cheque en blanco que impulsa la belicosa senadora.
El tema de las licencias médicas genera rechazos, incluso en bloques como el PRO (ver aparte). Allí reside la esperanza de la conducción cegetista para lograr incluso alguna otra modificación que mengüe el daño. El tema es la cantidad de votos que se cosechen a la hora de aprobar esas correcciones. Cuanto más respaldo tenga le resultará más difícil al oficialismo rechazarlas en el Senado. Lo ideal sería que se aprueben con los dos tercios de diputados. Eso obligará a los libertarios a buscar los seis votos que le faltarían ya que la media sanción se logró con 42 votos. Y esas voluntades las tendrían que obtener en el bloque Justicialista, una tarea un tanto imposible.
Lo cierto es que más allá de las modificaciones que puedan hacerse o no al proyecto de reforma laboral, como reconoció un dirigente del consejo directivo a este diario, el impacto negativo que tendrá en los trabajadores todavía no se puede mensurar. Pero además advirtió que también impactará en la CGT. “Habrá que esperar otro gobierno peronista para que se restituyan todos los derechos que se están conculcando y es poco probable que para ese entonces haya una sola CGT”, presagió.