Su homilía estuvo atravesada por una idea que excedió lo estrictamente religioso, como suele hacer, en la que remarcó la necesidad de recuperar la paz en una sociedad que describió como profundamente dividida. “Estamos divididos entre hermanos, en nuestras familias, en nuestros pueblos, en nuestro país, en el mundo”, planteó. Frente a esa fragmentación, sostuvo que la paz requiere recuperar el vínculo con el otro y asumir responsabilidades colectivas.
La crítica alcanzó también el modo en que se desarrolla la discusión pública. Cargnello sostuvo que la mentira destruye la confianza, enferma la vida familiar, corrompe la economía y la política y termina naturalizando la difamación y la calumnia.
Por eso pidió un lenguaje que no insulte, desprecie ni maltrate, y señaló que esa responsabilidad alcanza también a los medios de comunicación, las redes sociales y los dirigentes. “La agresión es signo de debilidad, no de fortaleza”, afirmó.
Cargnello organizó la homilía alrededor de tres tareas: promover un lenguaje de paz, recuperar la familia y trabajar por la justicia. En ese recorrido, el arzobispo defendió la vida desde la concepción hasta la muerte natural —durante la procesión se dieron referencias directas contra el aborto— y sostuvo que una sociedad debe ser capaz de proteger especialmente a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
También reclamó combatir la corrupción y dedicó una parte especialmente contundente al consumo de drogas y al narcotráfico. “El narcotráfico es genocida”, sostuvo y pidió decir “basta” frente al impacto que tiene sobre niños, jóvenes y familias.
En el cierre volvió sobre la paz y tomó a los peregrinos como ejemplo. Cargnello destacó la solidaridad que se genera durante el Milagro y la definió como una “manifestación de misericordia social”. Su pregunta fue por qué esa experiencia no puede sostenerse durante todo el año.
El Milagro 2026 dejó además una postal diferente de otros años. La llegada de peregrinos y la procesión mostraron una concurrencia visiblemente menor que en ediciones anteriores. Si bien no hay cifras oficiales de asistencia que permitan establecer una comparación numérica, la menor presencia de feligreses fue tema de conversación entre los presentes.
En ese contexto, el mensaje final de Cargnello sobre los peregrinos adquirió otro peso. Para el arzobispo, quienes llegan caminando desde distintos puntos no representan solamente una expresión de devoción, sino también una muestra de solidaridad y encuentro que la sociedad debería poder reproducir más allá de septiembre.