Según el relato que brindaron a la Policía de Salta, ambas viajaban en un Renault Duster cuando fueron interceptadas por una camioneta blanca sin patente trasera. Al resistirse al supuesto robo, los delincuentes efectuaron varios disparos que destruyeron la luneta y pincharon un neumático, lo que obligó a las amigas a detenerse a la altura del ingreso a la localidad de El Potrero.
Aunque lograron escapar del ataque, las mujeres no advirtieron que uno de los impactos de bala había levantado la chapa de un doble fondo en el baúl. Al revisar el vehículo tras la denuncia de las damnificadas, los efectivos policiales notaron la rajadura, la cual dejó al descubierto decenas de ladrillos amarillos de cocaína que tenían como destino final la provincia de Buenos Aires. Tras el hallazgo, ambas quedaron inmediatamente detenidas a disposición de la Justicia.
Los investigadores del caso sospechan que el ataque en la ruta pudo haber sido una falsa «mexicaneada», término utilizado para definir el robo de mercancía entre bandas narco. Aterrorizadas por la violencia de los tiradores y temiendo por sus vidas, las mujeres decidieron llamar a la policía sin percatarse de que los disparos habían dejado el cargamento a la vista, cometiendo un error fatal para su impunidad.
Los detectives creen que esta secuencia responde a una modalidad recurrente de un clan narco que opera en Tartagal. Según esta hipótesis, la misma organización que coordina los envíos planifica los asaltos para robarse a sí misma, evitando así pagar el costo del transporte y dejando a los transportistas en deuda con ellos. Debido a este entramado, las fuentes judiciales señalan que la médica y la cosmetóloga enfrentan ahora un peligro mucho mayor que los años de prisión que les esperan.