Lo curioso es que en esos años, mientras timbeaba bitcoins, Adorni se desempeñaba como “coordinador técnico administrativo” en la dirección de Infraestructura de la cartera de Cultura (fue ministerio y luego secretaría). Lo hizo bajo la modalidad de un “contrato de obra”, algo bastante común en el Estado. El dato fue filtrado por fuentes de Cultura a Página/12 y confirmado por el propio entorno de Adorni ante la consulta en su momento de este diario.
No tenía un sueldo demasiado alto ni tampoco se destacaba demasiado. Es más: nadie que dice haberlo visto en los pasillos del ministerio dice haber notado nada raro, osea un salto en el nivel de vida (como el que se le ve ahora) en esos años.
Salvo por un detalle: su jefe por entonces, el que lo contrató fue, Daniel Testagrossa, un histórico funcionario porteño ligado al PRO que en aquel entonces había sido designado al frente del área de Infraestructura cultural de Nación. Testagrossa salió eyectado, dicen las malas lenguas, por una licitación que quiso amañarse y salió mal. Adorni se fue con él. Y varios años después, regresó con él: no fue hasta que Milei fue presidente que Testagrossa volvió a tener un cargo en Cultura. Las mieles de ser libertario.