En aquel momento, Manuel Adorni no era una figura pública de peso. El mundo del delivery crecía sin control claro y muchos actores intentaban meterse en ese terreno. Sindicatos en formación, empresas nuevas y estructuras improvisadas formaban parte de ese escenario.
Pero hoy la situación es otra. Con Adorni en un rol central dentro del gobierno nacional, ese episodio ya no puede leerse como un dato menor. La documentación no lo ubica en una ilegalidad directa, pero sí lo conecta con un entramado que incluye actores con antecedentes penales graves.
Y ahí es donde aparece el punto más incómodo, porque no se trata solo de lo que hizo, sino de con quiénes lo hizo y en qué contexto. Porque cuando el camino para construir poder sindical pasa por una estructura vinculada a personas con antecedentes por narcotráfico, la discusión deja de ser técnica.